11 Mar 2019

Infinidad de artículos, encuestas y estudios se han publicado sobre la preferencia de tener un hombre como jefe en lugar de una mujer. Esta preferencia se sitúa en promedio en un 65%, y los encuestados son de ambos géneros. En las mujeres esta preferencia es mayor que en los hombres.

¿Cuáles son las causas por las que no queremos trabajar las mujeres con mujeres? Muchas mujeres alrededor del mundo dan relatos sobre las terribles experiencias que han tenido trabajando con superiores femeninas. Mi experiencia ha sido la misma.

Como siempre afirmo, el liderazgo no es cuestión de género, sino de actitud, por eso no voy a escribir de líderes, sino de jefes (que no es lo mismo), no es error que dichos artículos y estudios no sé refieran a preferir líderes o lideresas.

 

Hay muchos elementos que pueden tomarse en cuenta a la hora de expresar esta preferencia, factores culturales sociales, psicológicos, antropológicos, etc. No es mi objetivo analizar todos los fundamentos de estos resultados, sino más bien para avanzar, propongo ser prácticos y observar los comportamientos que han sido descritos en los estudios, que justifican la preferencia por un jefe hombre sobre una mujer y reflexionar sobre sus posibles causas.

El principal demonio de estas jefas es un comportamiento que denota inseguridad, el segundo es su falta de generosidad y el tercero es la falta de amor propio. Juntos convierten la vida de esta mujer en un verdadero infierno que destruye mucho valor para la empresa.

Adicionalmente está la desconfianza generalizada, que las lleva a comportamientos derivados como no delegar, exceso de control, rechazo a nuevas ideas, falta de transparencia en la comunicación, y dificultad en la toma de decisiones.

La falta de autocontrol emocional, los malos tratos, las criticas mal intencionadas, agresividad y exigencia desmedida también suelen estar presentes en los comportamientos observados.

En esta época en que las mujeres buscamos más participación en la vida profesional y que se promueve la igualdad de género, vale la pena reflexionar que hay detrás de estos comportamientos para ser conscientes y gestionarlos con el objetivo no sólo de conseguir mejores resultados, sino siendo sincera, con el objetivo de tener una vida profesional más feliz y plena.

Pues bien, la inseguridad denota una autoestima (que es la valoración, percepción o juicio que una persona hace de sí misma) baja o negativa, que podría estar revelándose en el área laboral o en más áreas de nuestra vida.

Entonces si tus pensamientos, emociones y sensaciones te están diciendo que quizá no eres tan inteligente, capaz, guapa, buena en tu trabajo y que el mismo podría este peligrar y con ello esa fuente de seguridad se ve amenazada, la consecuencia serán las arribas mencionadas, llenando tu vida de demonios que torturan cada día tu mente.

Por tanto, si te encuentras que no consigues delegar, que estas todo el día desconfiando de tus colaboradores, que practicas el micro management, que buscas donde está la trampa en todo… una revisión a tu autopercepción y a tu autoconfianza es altamente recomendable.

La falta de inteligencia emocional afectará directamente la capacidad de controlar tus emociones y de tener empatía, y eso se demuestra en comportamientos de falta de generosidad para dar y recibir.

Como último demonio está la falta de amor propio, evidenciada en la falta de vida propia. Aquella jefa que prioriza el trabajo sobre todo en la vida y espera que sus colaboradores hagan lo mismo, estará todo el tiempo exigiendo a los demás, veinticuatro horas del día, siete días de la semana 24/7. ¿por qué? Porque no se ama, y nadie puede dar lo que no tiene, por eso ni siquiera se da cuenta que te ha pedido que contestes su pedido en un ¡domingo a las 6 am!.

Estas jefas por tanto estarán “enojadas con la vida”.

Fuente: Women in the Workplace 2016 de McKinsey

Échate fama y ponte a dormir dice el dicho popular, no es de extrañar que, a la hora de negociar un ascenso, en igualdad de condiciones, se prefiera a un hombre. Según el Women in the Workplace 2016 de McKinsey, cuando esto sucede y las mujeres piden retroalimentación, el 30% recibe la información de que son muy “emocionales”, “mandonas” o “intimidantes”,

Por supuesto que hay Jefes que carecen de estas características, pero me atrevo a inferir que ellas son líderes.

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