11 Mar 2019

Después de escribir el blogpost De las Jefas y otros Demonios, me sentí motivada a explicar qué hace a una verdadera líder.

Hay una diferencia fundamental entre ser Jefa y ser Líder.

Una líder sabe que la clave está en las personas, se enfoca en inspirar y motivar a sus colaboradores, trabajando de forma sistemática con ellos, para que se conviertan en la mejor versión de sí mismos.

Logra que estén comprometidos en el proceso creativo, en la ejecución y en entregar el máximo potencial porque quieren llevar a su organización a esa meta que como líder le ha mostrado. Lo podemos resumir en que la Gerencia se ocupa de procesos y sistemas, mientras el Líder añade un fuerte componente: ocuparse de las personas.

Como dice John Maxwell: “LOS LÍDERES TOCAN EL CORAZÓN ANTES DE PEDIR UNA MANO”.

Así que tomando de base el artículo ¿Qué hace a un Líder?  de Daniel Goleman, intentaré tropicalizarlo de la mejor manera.

En su investigación, Goleman demuestra claramente que la inteligencia emocional es la condición sine qua non del liderazgo. No es que el coeficiente intelectual, ni los estudios y habilidades técnicas no cuenten, por supuesto que sí, pero todos conocemos muchas historias de la compañera de colegio súper inteligente que no logra triunfar y aquella que todos pensábamos que no sería nada en la vida y ahora es una gran empresaria.

Así que ahondemos un poco en el asunto, una líder, sobre todas las cosas, debe marcar el rumbo, es quien tiene la visión y por lo tanto la encargada de que otros crean en esa VISIÓN y la sigan. Por lo tanto, debe tener la capacidad de influir en otras personas. De hecho, es una habilidad que conviene desarrollar; sólo piensen ¡a cuantas personas estamos influenciando a diario! Para bien o para mal…

Entonces si deseamos influir debemos saber comunicarnos correctamente, he aquí una característica de toda líder, saber comunicarse. Es asertiva, esto quiere decir que dice las cosas directamente, que no espera que le adivinen el pensamiento, que, si algo le molesta, lo resuelve, que no grita, chilla, o es grosera con sus colaboradores.

Otra característica que toda líder tiene es que es íntegra, y por integridad me refiero a que no miente, no habla por detrás de las personas, cumple con sus obligaciones y si comete un error lo admite. La integridad da para un artículo entero, pero es importante mencionarla porque sin ella es imposible inspirar e influir en las personas. Nadie se siente inspirado por una persona que no cumple lo que promete.

Y por supuesto una líder posee una alta inteligencia emocional, pues es esta la que determina la capacidad de trabajar y relacionarse con otros.

Una inteligencia emocional (IE) alta permite tener empatía, y esto se traduce en que ella consigue comportamientos altamente deseados a la hora de manejar equipos y de liderar proyectos. Comportamientos como interesarse sinceramente en el bienestar de las personas, ocuparse del desarrollo personal y profesional de sus colaboradores y dar apoyo en el cumplimiento de las metas son algunos de los ejemplos que puedo citar.

Otro de los componentes de la IE es el desarrollo de las habilidades sociales; sólo recordemos a esa persona a quien nos han presentado mil veces, y que siempre que le preguntan ¿se conocen? Dice no. Que gusto, por el contrario, cuando alguien que nos presentaron semanas atrás, nos saluda por nuestro nombre.

Estos son los componentes hacia “afuera” que conforman una alta IE: la empatía y las habilidades sociales. Pero también hay componentes “hacia adentro”, que tienen que ver con el SER, como son el autoconocimiento, la autorregulación y la automotivación.

He conocido ejecutivas muy preparadas e inteligentes que sin embargo se paralizan, que simplemente no saben lo que les sucede y que reaccionan cuando se sienten atacadas; que, con una dosis de autoconocimiento, podrían gestionarse mucho mejor. También he conocido mujeres brillantes totalmente desmotivadas, que desconocen por qué lo están y se sienten “quemadas”.

Por tanto, una líder se conoce a si misma, conoce sus emociones, las gestiona adecuadamente, se automotiva y con ello logra motivar a su equipo.

Como dice Goleman: Sería ridículo aseverar que el viejo y querido coeficiente intelectual y las destrezas técnicas no son ingredientes importantes para un buen liderazgo. Pero la receta no estaría completa sin la inteligencia emocional. Hubo un tiempo en que los componentes de la inteligencia emocional se consideraban como algo que “sería bueno tener” en los líderes empresariales. Ahora sabemos que, por el bien del rendimiento, son ingredientes que los líderes “deben tener”.