23 Ago 2018

Volver a empezar… el tema no es cuántas veces, sino cómo.

¡Póngale resistencia a la bicicleta, no a la vida!

Muchas veces comenzar algo nuevo se vuelve una tarea difícil.

Si tengo determinación, es decir, deseo más convicción, como afirma Pilar Jericó, la tarea será mil veces más fácil, aun así, hay viejos hábitos y limites que superar.

Luego de dos meses sin hacer ejercicio por un esguince, regresé a clase de spinning con mi gran instructor Edgar. Llegué muy entusiasmada y con la firme convicción de disfrutar la clase.

Llegué temprano, escogí mi bici, y me subí con todo el ánimo posible.

Sorpresa, a los veinte minutos estaba lista para bajarme, las piernas no me daban, el aire menos… ¡no podía seguir la clase!

Edgar me preguntó cómo estaba, señalé con los dedos haciendo una V, que todo estaba bien, seguí pedaleando y un tremendo calambre se apoderó de mi pierna derecha.

Fue entonces cuando pensé, ¿qué me pasa?, estoy pasándola mal, pero no pido ayuda, y lo que es peor, finjo que todo está bien, el cuerpo me pide que pare, pero no quiero…

¿Cuantas veces estamos así?

Viviendo una situación angustiosa y pretendiendo que todo está bien, cuantas veces no pedimos ayuda, y cuantas veces no escuchamos a nuestro sabio cuerpo gritándonos que algo está mal.

Fue un segundo de lucidez, miré a Edgar y le grité ¡Estoy mal!

En ese momento mi deseo era bajarme de la bici y ya, me rindo, otro día lo intento.

Mi cerebro empezó a buscar justificaciones rápidamente: estas volviendo a empezar Nena, calma, y además el jetlag, y no tienes tus zapatillas automáticas, y encima tienes calambre, pobrecita ¡bájate!

Uyyyy la solución más simple y cómoda, a la primera de cambio, ríndete, si las cosas no van bien, bájate, si estás pasando momento incomodos, záfate; a mi cerebro reptiliano le fascina huir, es un experto. Cada vez que algo duele, sale corriendo.

Es su respuesta “normal”, otros se paralizan y otros pelean, al mío le encanta huir, pero no hay que asustarse, esas son las respuestas normales cuando hay dolor, nos ponemos en modo “supervivencia”.

Pero…

Salió la bendita determinación, y me dije, no señora, el objetivo era hacer la clase, pues en este momento me trazo mi objetivo nuevo: “no me bajaré de la bici hasta terminar”.

Edgar siguió dando instrucciones, pero volví a gritar en medio de la música, estoy mal y tengo calambres (a este punto las dos piernas estaban acalambradas), él en ningún momento me dijo, bájese, noooo, al contrario, me dio instrucciones: Bájele a la resistencia, pedalee sentada, etc.

A la par Karla, una amiga y ciclista experimentada, se daba cuenta de lo que sucedía y me dijo: “no cambies ritmo, para evitar los calambres y ponle resistencia media”.

Le dije, ayúdame, mi objetivo es no bajarme de la bici.

En ese momento, Karla comenzó a hacer lo que hace un coach, me acompañó en la clase, llevándome poco a poco a conseguir lo que quería, y terminé los 30 kilómetros sin bajarme ni un momento de la bici, tras una hora y cuarenta y cinco minutos de pedaleo.

Lecciones aprendidas

 

1. Volver a empezar cuesta. Condición necesaria para triunfar: compromiso.

El compromiso vence la baja tolerancia al fracaso y la necesidad de remuneración inmediata y nos impulsa a seguir aun cuando las cosas no sean lo placenteras que queremos.

2. Visualizar a dónde quieres llegar, tu cerebro conecta.

Visualizar lo que quieres, refuerza este compromiso y te mantienen en el mediano y largo plazo.

En la bici, cerraba los ojos y me veía pedaleando y llegando hasta al final de la clase celebrando con todos los 30 KM.

3. Fijar un objetivo, si por alguna razón, mi expectativa fue muy alta, AJUSTO, pero no me rindo.

Sí, muchas veces me he puesto objetivos demasiado ambiciosos, y a la primera que va mal, me decepciono y no sigo.

La clave está en el ajuste, si noto que se me ha pasado la mano con las expectativas, ajusto, pero no me rindo y adapto a ir consiguiendo resultados más pequeños pero que serán clave para lograr mis metas.

4. Dejarme acompañar

Nadie logra mejorar sus resultados y mantener ese crecimiento, solo.

La instrucción y motivación que me dio Edgar y el acompañamiento de Karla, lograron que no me bajara de la bici.

Una y otra vez la lección es la misma, pide ayuda Claudia, afuera el ego, si no puedes hacer algo, pide ayuda.

Si quieres llegar más lejos, pide ayuda.

5. El cuerpo expresa, pero la mente manda

Cuando el cuerpo expresa malestar por algo, hay que escucharlo.

Claro que sí, pero al final de al cabo, como una niña chiquita, cuidado con la autocomplacencia, bajarme de la bici, era lo que me pedía el cuerpo a gritos, pero al final, mi cerebro racional, se impuso.

Si quiero volver a estar en forma, debo seguir adelante, y es hoy, me dije.

Mi determinación pudo más que mi comodidad.

Al final de la tarde, me sentía cansada, pero muy satisfecha de haber logrado mi meta del día y sé que poco a poco conseguiré los 60 KM que hacía apenas hace dos años.

Gracias Edgar y Karla.